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    DE ASUNTOS PÚBLICOS ARGENTINA

    El sindicalismo argentino ante una nueva etapa

    Introducción

    El denominado modelo sindical argentino está, desde hace tiempo, bajo constante conflicto Los valores que suele sostener se ven amenazados día a día por falta de liderazgos realmente legitimados y por conflictos internos que impactan en la conducción, que hoy es tripartita.

    El peronismo, acostumbrado a tener una conducción vertical, hoy vive bajo una dinámica horizontal por la falta de claridad en su liderazgo. Para los contendientes, las elecciones parlamentarias de este año proyectan una oportunidad de reposicionamiento que le permita, entre otras cosas, hacerse del mando del partido y guiar al sindicalismo peronista. Claro que para ello hay que ganar la elección, tarea para nada fácil.

    Mientras el sindicalismo histórico se dividió en por lo menos cinco partes durante estos años (los kirchneristas, “los gordos”, los independientes y las dos CTA – Central de Trabajadores Argentinos, hoy unidas nuevamente), los distintos movimientos de izquierda se fueron uniendo precisamente a partir de no tener una conducción única, y por momentos, racional. Así, ganó liderazgo en algunas universidades, concejalías, diputaciones, senadurías provinciales y, como empieza a hacerse visible, especialmente gremios.
    Todavía en franca minoría frente a las conducciones tradicionales, a las que califican como «burocráticas», la izquierda sindical gana terreno en gremios que en los últimos años les eran esquivos.

    En Alimentación, Telefónicos, Caucho y Petróleo, por nombrar algunos casos, hay comisiones de delegados y seccionales enteras que responden a listas de izquierda. En la mayoría de los casos, no crecen por sus propuestas que son muy ideologizadas, sino porque los dirigentes tienen un buen contacto con las bases, y se hacen cargo de las demandas más inmediatas, contradiciendo los relatos de las instituciones (tanto la política como la empresarial).

    Uno de estos ejemplos es el de Alejandro Crespo, militante del Partido Obrero (PO) quien encabezó en 2016 un frente de agrupaciones de izquierda y fue elegido secretario general del Sindicato del Neumático (Sutna). Fue el primer éxito de la izquierda en una rama fabril después de varias décadas. Durante varios años, Crespo fue delegado de Fate, una de las principales fábricas del sector, y allí comenzó su trabajo gremial.

    El líder del Sutna se expresó en varios medios diciendo que los jefes sindicales más arraigados atraviesan en el presente una «crisis de representación». Y añadió: «Hay una crisis, con un ataque muy visible a los trabajadores que las direcciones gremiales dejan pasar. Eso impulsa a los trabajadores a buscar representantes que puedan mostrar un cambio».
    Empresarios de ese sector destacan la capacidad de diálogo que tienen hoy con el líder sindical a diferencia de sus antecesores, y ante la pérdida de poder, con quienes no lograban tener una relación constructiva en los últimos años.
    Las principales listas de izquierda que consiguen representación se presentan como frentes de agrupaciones «combativas». Por lo general, los líderes están referenciados con algún partido de izquierda: el PO, el partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) o Izquierda Socialista (IS), entre los más importantes.
    Sus herramientas y sus formas son más vehementes. Buscan obtener mayor visibilidad, y en muchos casos sus verdaderos “enemigos” están en la misma delegación. O sea buscan sacarle poder a pares utilizando como chivos expiatorios a las empresas.

    Los sindicatos de izquierda y la política

    El sindicalista “clasistas” está netamente vinculado a lo político. El gremio, a veces, es su plataforma de despegue para la política o viceversa. Es lo que sucedió por ejemplo con Néstor Pitrola (Gráficos), o lo que podría llegar a pasar con Alejandro Crespo (Neumático), o Claudio Dellacarbonara , de los metrodelegados del subte. Esa es la diferencia puntual con la izquierda tradicional, o los denominados trostkistas, que únicamente quiere liderar el gremio como una herramienta de combatir el capital.

    El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) nace el 2011 como un bloque político-electoral basado en una alianza de los tres principales partidos de izquierda en Argentina: Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), Partido Obrero (PO) e Izquierda Socialista (IS), referenciados en el trotskismo.

    Se pronuncia por la independencia política de los sindicatos y contra la burocracia sindical. Señala que “la lucha electoral del Frente de Izquierda está al servicio de organizar y elevar a los trabajadores a la lucha por su propio gobierno”.

    Desde allí desarrollaron un programa de 27 puntos. Utilizando su narrativa, luchan por un salario móvil acorde al costo real de la canasta familiar; el fin del impuesto al salario; fin de la precarización laboral; plan de viviendas públicas financiado con impuesto a las grandes fortunas; 82% móvil a los jubilados y un sistema de pensiones gestionado por jubilados y trabajadores; la Nacionalización -sin indemnización y bajo administración y control de trabajadores-, de la banca y el comercio exterior, la minería y el gran capital agrario e industrial; por un plan económico gestionado por los trabajadores. Además, plantean la expropiación de los 4 mil propietarios que concentran la mitad de la tierra de Argentina; apuestan al monopolio estatal del comercio exterior y proponen el no pago de la deuda externa.

    Consideraciones Generales

    La representación sindical, conforme nuestro sistema, se otorga a aquel gremio que la autoridad declara como más representativo. A ese se le asigna la personería gremial conforme un poco verificable procedimiento.

    Quien la obtiene accede a derechos exclusivos, que son los verdaderos mecanismos de poder. Así, por ejemplo, es la única que en su ámbito de actuación puede celebrar convenciones colectivas de trabajo, administrar las obras sociales y declarar la huelga. Los restantes quedan como sindicatos simplemente inscriptos y su presencia jurídica es puramente testimonial.

    El sistema vigente provocó un nuevo grado de politización sindical en el que, si bien la sustancia de los reclamos son similares (salarios, impuestos, pérdidas de puestos de trabajo), la competencia que genera el régimen entre incluidos y excluidos, sus alineamientos políticos y su posicionamiento frente al gobierno de turno, está llevando a una radicalización de los métodos y de los reclamos como recurso de subsistencia. Y, adicionalmente, a una mezcla entre los intereses de los trabajadores con cuestiones de política partidaria.

    Por ello existe en muchos ámbitos consenso para elaborar un nuevo régimen de asociaciones sindicales democrático y plural. De todas formas, esto, en caso de producirse, será principalmente tarea del Estado aunque merece el reconocimiento y la procedente actuación del sector privado.

    Argentina es un claro ejemplo de movilizaciones sindicales, asociadas a los partidos de izquierda que muchas veces actúan en tándem con organizaciones sociales. El sindicalismo en nuestro país está cambiando su dinámica, y por ende (de a poco) también sus formas de reclamo.
    Ante la pérdida de poder, la falta de conducción política y sobre todo la poca renovación de la dirigencia, comienzan a surgir figuras jóvenes con demandas evolucionadas que pertenecen a rangos etarios que crecieron y se desarrollaron en democracia.

    El sector público aún no puso en agenda una discusión seria y madura sobre el tema. Todavía sigue teniendo como principales interlocutores a los conductores históricos del gremialismo, y por ahora le da la espalda a estas nuevas generaciones de líderes. Pero las empresas cada vez más, sobre todo las establecidas en parques industriales, comienzan a ser testigos de esta nueva dinámica.

    Es fundamental entender el contexto, identificar a los actores y sus puntos de influencias como también sus debilidades. Todo esto será determinante para generar el mejor acuerdo posible al momento de negociar.