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    DE ASUNTOS PÚBLICOS ARGENTINA

    El costo de la división

    Hoy comienza el periodo por el cual la ley electoral, habilita a los partidos y/o frentes inscriptos para hacer campaña. La primera fecha clave es el 13 de agosto, cuando se realicen las internas (a pesar que la mayoría de los anotados no las utilice). Una vez ocurrida esto, todos mirarán al 22 de octubre, fecha de las elecciones generales.

    Hace unas semanas nos enterábamos finalmente los nombres de hombres y mujeres que formarán parte de esta elección. Si bien el periodo de campaña no estaba habilitado, muchos espacios buscaron la manera para sortear esta regulación y hacer algo de proselitismo. En varias oportunidades dijimos que para el oficialismo es una elección importante, porque principalmente es la primera que tienen desde que son gobierno.

    Pero todo lo ocurrido hasta la fecha nos permite interrogarnos si el gobierno no le está poniendo un precio muy alto a esta elección sabiendo que son de medio término. Y sabiendo aún más que pase lo que pase, en el Congreso de la Nación, la conformación de las cámaras no variaría significativamente. O sea, no tendrá quórum propio en ninguno de los dos recintos. “…según nuestros números, recién en 2023 podríamos tener mayoría en Diputados”. Así definió hace un año la situación de Cambiemos en la Cámara Baja un alto funcionario del Ministerio del Interior.

    Entonces, ¿por qué darle tanta trascendencia a una elección que no cambiará mucho el escenario?  Además, la estrategia polarizadora que todavía no hace mella en el electorado (recién lo hará, si lo consigue, días previos a las lecciones cuando la gente entre en “modo campaña”) significa contrastar entre lo futuro con lo pasado, cuando el denominador común de este país, más que nunca, debería ser más futuro que pasado.

    Un dirigente político devenido en diplomático, en estos días, mencionó su preocupación ya que la estrategia que apunta a la división repercute directamente en la posibilidad del peronismo para 2019. Es cierto que el justicialismo primero tiene que alinear varios mensajes puertas adentro, pero la posibilidad que la ex Presidente de la Nación CFK regrese al ruedo político (del cual nunca se fue, aparentemente) no tranquiliza ni a propios ni a ajenos.

    Asumiendo que la elección no cambia la estructura del congreso nacional, el gobierno podría haber pasado estos comicios generando menos expectativas y apuntando todos los cañones a 2019. Si algo aprendió la gestión macrista en este tiempo, es que la sobre-expectativa puede traicionar.

    Muchos dicen que no hay 2019 sin 2017. Pero partiendo de la base que los gobernadores están más preocupados por consolidarse en sus provincias, y que el oficialismo necesita una oposición hecha y derecha para consolidarse como gobierno, ¿para qué dividir tanto al electorado? Una explicación puede ser que el propio oficialismo sabía, suponía, o influenciaría de manera tal que CFK fuese candidata (más presionada por su situación judicial que por su ambición política), y entonces prefirió “adelantarse” y armar esta estrategia (incluyendo la pata judicial).

    De todas formas, lo más importante que deben entender ambos bandos es que el voto es de la gente, y como suele decir el candidato de Evolución Ciudadana Martín Lousteau “la gente siempre vota bien”. Menospreciar al electorado con frases como ”hubo una estafa electoral y una mentira…los que lo votaron también fueron engañados” o “No me cierra el escenario de que Cristina gane…no veo a la Argentina suicidándose” no hace otra cosa subestimar al dueño del voto. Ojalá que “unir a los argentinos” y el “Frente de Unidad Ciudadana” tuvieran más que coincidencias que sólo palabras.