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    DE ASUNTOS PÚBLICOS ARGENTINA

    Veinticuatro

     

    Las PASO celebradas el domingo pasado arrojaron varias cuestiones claves. De todas maneras, nada es definitivo todavía ya que las elecciones generales del próximo 22 de octubre serán las que determinen quienes “entran y salen” en los respectivos palacios parlamentarios de cada distrito.

     

    La primera cuestión es que Cambiemos saco un mejor resultado del que todos indicaban. Salvo algunos encuestadores, e incluso Marcos Peña – según dicen algunos – , nadie esperaba que terminen como terminaron en la provincia de Buenos Aires. Si bien hasta la fecha hay un empate técnico que se resolverá en unos días, el sprint final de María Eugenia Vidal es para remarcar.

     

    Esto es así, no porque ella se haya enfrentado en un programa de TV a un panelista (por favor, no subestimemos el voto de la gente), sino porque en realidad Vidal se hizo cargo de la campaña, relegando directamente al propio Presidente Macri. Por momentos parecía ella la candidata sin candidatura. Indudablemente fue una buena estrategia que le permitió contrastar aún más con el espacio Frente de Unidad Ciudadana.

     

    La diferencia con la última elección fue el nivel de exposición. O sea, Cambiemos en general y Macri en particular pasaron de ser actores de reparto a protagonistas entre 2015 y 2017. Pero la fórmula fue la misma. El venir corriendo de atrás, siendo, inclusive, subestimados por las encuestas, parece ser el método que mejor les cabe. Ganaron en 11 de las 24 jurisdicciones estaduales.

     

    Con respecto al resto del país, en el gobierno, como hemos adelantado alguna oportunidad, esperaban triunfos en San Luis y santa Cruz. Lo que significan simbólicamente es mucho más que el resultado en sí. En San Luis, con un candidato proveniente del peronismo que fue gobernador de los Rodríguez Saá como Claudio Poggi, se derrotó a una dinastía  que viene liderando la provincia desde 1983 ininterrumpidamente. En Santa Cruz, último bastión kirchnerista que queda en pie, fue el principio del fin que ya se avizoraba con el salvataje económico brindado por Nación a Alicia Kirchner.

     

    Córdoba es otro inmejorable ejemplo. La “segunda casa del Presidente” como suele decir él mismo, se ha convertido en un motivo de sobrada alegría para el gobierno. En 2015 le garantizó un 70% de votos en un distrito, que si bien no tiene hermanos al mando, si tiene socios políticos desde hace casi 20 años. Esta vez no fue la excepción. Con un candidato outsider, como Héctor Baldassi que ya tiene experiencia parlamentaria, le cortó las alas no sólo al peronismo provincial sino también al propio candidato de Juan Schiaretti, Martín Yaryora, un joven dirigente que antes de ser Intendente de San Francisco y Vicegobernador, ya quería ser Presidente de la Nación.

     

    Otra provincia que, a pesar de no pesar tanto en términos del padrón, fue una excelente noticia es Neuquén. En parte porque ocurrió algo parecido a San Luis. Cambiemos le ganó a una fuerza que viene gobernando la provincia hace 50 años. Si bien el MPN hizo una renovación dirigencial en 2015 con un gobernador joven y de muy buen trato con la Casa Rosada, Cambiemos le clavó el puñal por la espalda y aprovechó la nacionalización de la campaña (determinante en todo el país) para hacerse del primer lugar.

     

    En la misma línea que Córdoba podemos mencionar a La Pampa. Gobernada por el peronismo, con un gobernador como Jorge Verna enfrentado políticamente con el gobierno nacional, puso al frente de la lista a sangre nueva. Un joven diputado, Martín Maquieyra le ganó a la experiencia peronista. Verna está que trina. No pidió la renuncia de su gabinete como lo hizo “el Alberto” (Rodríguez Saá) pero no le faltarían ganas.

     

    Luego se destacan triunfos o elecciones más que importantes en otros distritos. En Entre Ríos se ganó por encima de otro gobernador con buena relación con Macri y la mesa política. Rogelio Frigerio mira de reojo su provincia natal. Jujuy, Mendoza, Corrientes y la Ciudad de Buenos Aires, se daban por descontadas. Lo que ocurrió en Capital fue abrumador. ¿Ahora qué hará Lilita al momento de conversar sobre su cuota de poder con Macri? Posiblemente le marcará la cancha un poco más a Vidal por el ninguneo provincial cuando se eligieron las listas. Todas preguntas que podrán ser respondidas con el devenir de la próxima campaña.

     

    En otras provincias como Chaco, Río Negro, Santa Fe y Salta, a pesar de no haber ganado, Cambiemos puede darse por satisfecho de los resultados obtenidos. Santa Fe quizás sea la próxima batalla electoral importante. Allí, ganó el kirchnerista Agustín Rossi, pero todo indicaría que no podrá retener los números de la interna que lo llevó triunfador. Ahí tiene una nueva chance Cambiemos, en un distrito que le cuesta desde hace años, frente a un socialismo que viene cuesta abajo, en gran parte por el trabajo minucioso que hace José Corral, el intendente radical de la ciudad capital. Santiago del Estero es caso de estudio, otra de las provincias gobernadas por una familia hace un par de mandatos que arrasa cada vez que se presenta, y este año con elección a Gobernador de por medio, no sería la excepción.

     

    Del otro lado, quedan las provincias que el peronismo pudo retener. Formosa, que perdió en la capital pero Isfrán pudo mantener su hegemonía (tema para otro análisis), Tucumán que tuvo a uno de los candidatos más mediáticos del gobierno como José Cano que no pudo con Manzur y Jaldo (en realidad con Alperovich que quiere ser gobernador nuevamente), Tierra del Fuego, Chubut y Misiones. Catamarca, Chaco, La Rioja, San Juan y Salta retuvieron su cuota de poder.

     

    Estas últimas provincias le sirven al peronismo para barajar y dar de nuevo. Antes de las elecciones los gobernadores de dicho espacio (más algunos invitados especiales) se unieron para mostrarle al gobierno nacional con la excusa de la presentación de Vidal ante la Suprema Corte de Justicia, su intención de unidad. Quizás se apresuraron, porque muchos de los que digirieron esa operación, hoy tienen que priorizar otras cosas. Como consecuencia de la polarización entre Macri y CFK, gobernadores como el de Córdoba pagaron los platos rotos.

     

    Precisamente, Schiaretti ahora no tiene tantos argumentos para liderar esa re organización según los últimos resultados. Si medimos sólo por cómo terminaron las PASO, Juan M. Urtubey de Salta, sin hacer una excelente elección, quedó mejor parado. Pero ahora bien, Salta no es Córdoba, él sabe que tomarse el tren de 2019 es un paso obligado ya que no tiene más chances de presentarse como Gobernador (este es su tercer mandato). Si bien asumen que en 2019 si la cosa no cambia demasiado, Macri – o en todo caso Vidal -, irá de nuevo por la Presidencia con grandes chances. De todas maneras el peronismo necesita un tipo que los ordene y vuelva a jugar para comenzar a tener una base sólida pensando mejor en 2023.

     

    Cambiemos no se convirtió en un partido aún. Primero porque es un frente electoral. Segundo porque cada vez existen menos partidos, y tal vez no haga falta que lo sea. Sí se comió a parte de la UCR y al mismo PRO. El alumno supero al maestro dirán algunos. Ahora tiene que ratificar lo obtenido en octubre. Lo que si ganó fue en territorialidad, vital para consolidarse como opción política.

     

    ¿Y Macri?, ¿qué pasó con él? Celoso de los crecimientos intra gabinete, su admiración por Vidal es tal que la llenó de elogios. Sabía y sabe que es la única que puede enfrentar a CFK para definitivamente acabar con el krichnerismo, aunque todavía le sirva su existencia para confrontar con algo mientras analiza que hará el peronismo de cara al futuro. Macri pasó un examen y aprobó liderazgo II, materia obligatoria para comenzar con Presidencial II.