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    DE ASUNTOS PÚBLICOS ARGENTINA

    Después del #22O

    Tras las elecciones, el gobierno se va a encontrar con un nuevo mapa legislativo, tanto a nivel nacional como así también provincial y municipal. Para enfrentar los próximos dos años de su mandato, necesitará articular con cierta parte de la oposición un paquete de leyes que le dé mayor previsibilidad al país.

    “El Presidente está pensando más en cómo fortalecer su gobierno, que en impulsar una oposición…” fue la respuesta que dio un miembro de la mesa chica de Mauricio Macri cuando se le preguntó sobre qué tipo de oposición espera y/o necesita Cambiemos para los próximos dos años. Recordemos como dicen algunos autores de ciencia política, que un gobierno es oficialismo y oposición al mismo tiempo. No se puede gobernar solo.

    Es cierto que Macri necesita de esta elección, entre otras cosas, para consolidarse como líder de un espacio que gobernará – al menos – un par de años más la Argentina. Dependerá de él si quiere volver a presentarse o no en 2019. Pero más allá de eso, necesita generar espacios que contribuyan a darle valor a las instituciones, quizás su mayor desafío de gestión. Cómo recuperar la confianza en la institucionalidad de las organizaciones es clave para el futuro del país.

    En esa construcción, parte del gobierno cree que será más que importante el Senador Nacional Miguel Pichetto, actual líder de la bancada peronista dentro de la Cámara alta que enfrentará su propio desafío a partir de la asunción del nuevo Congreso en diciembre próximo, que contará con la presencia de Cristina Fernández de Kirchner. Los miembros de ese bloque hoy no tienen afinidad política entre ellos, pero mantienen cierta unidad para algunas cuestiones. De los treinta y pico que son, hay aproximadamente una docena que responde directamente a la ex Presidente.

    Pichetto, para esa misma parte del gobierno antes mencionada, se ha comportado muy bien políticamente hablando en el último tiempo y fue un gran articulador con los gobernadores. Del lado de Diputados, lo que más celebran algunos es que Sergio Massa quedará con poco más de diez diputados de su bloque supuestamente. Claramente no confían en él a pesar de compartir con muchos un mismo rango etario que los hace hablar el mismo idioma. Por el contario, con algunos dirigentes que responden a Diego Bossio y a su bloque, sí tienen un diálogo más fluido y esperan mayor contribución política.

    Esto arroja al mismo tiempo otra lectura. El peronismo está y seguirá dividido en los próximos años y eso es una buena noticia para Cambiemos. Pero la polarización gestionada tanto por Macri y su equipo, como por la propia CFK en esta elección, abrirá un nuevo capítulo después de las elecciones de octubre. Tal vez pierda trascendencia y no sea ya una herramienta de campaña tan válida y con buenos resultados como lo ha sido hasta ahora. Entonces Macri necesitará encontrar y/o construir otro blanco de sus críticas.

    Aquí es donde nuevamente surge la pregunta: qué espera Macri de una oposición. En estos días se habló nuevamente que Juan Manuel Urtubey, gobernador de Salta, comience su campaña nacional para llegar a ser candidato en 2019 a Presidente luego de una gran interna partidaria (habrá que ver si para esa altura continúan las PASO). Urtubey está obligado a serlo, no sólo por aspiración personal sino también porque ya no puede renovar en su provincia. Y a esta altura parece el único gobernador de origen peronista que tiene legitimidad para serlo. Cómo junta los votos con un justicialismo tan fragmentado es otra discusión.

    Pero en 2019 también surgirá otra incógnita. Qué hará el Presidente con la presidencia de la Cámara Baja, hoy a cargo de Emilio Monzó. Alguien que le ha permitido construir la parte política en la campaña 2015, que ayudó a gestionar los diálogos necesarios en el Parlamento para aprobar más de 70 leyes en 2016 por ejemplo, pero cada vez que da una entrevista, genera más que ruidos dentro del gobierno por la particular forma que tiene de analizar la política local. No es casual que hoy no tenga tanto protagonismo en la campaña.

    Monzó es más de las instituciones y de darle de nuevo un sentido a los partidos políticos que están pasando por su crisis más profunda por lo menos desde el retorno de la democracia (no sólo en Argentina). Mientras que del otro lado de la misma mesa de Cambiemos, hay quienes creen que el poder de Cambiemos está en la gente y que para ello no necesitan intermediarios. Tampoco es casual que el oficialismo asigne pauta publicitaria a través de nuevos canales de comunicación que llegan de manera más directa y segmentada al ciudadano común.

    En fin, 2018 arrancará siendo un año sin elecciones pero seguramente terminará con definiciones importantes preparando la campaña para 2019. Qué hacer con la oposición, y qué lugar se la dará a alguno de sus miembros. Pero también qué sucederá con los propios articuladores de Cambiemos. Por lo pronto, a este gobierno todavía le quedan muchos desafíos.