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    DE ASUNTOS PÚBLICOS ARGENTINA

    #AraSanJuan, un caso que trasciende la política

    El ruido y el tráfico de la vida en Argentina tuvieron, al menos desde el día miércoles pasado un compás de espera, signado por un manto de incertidumbre casi inédito. El submarino de la Armada Argentina, el ARA San Juan, se perdió en circunstancias aún desconocidas. Sobran interrogantes sobre lo que realmente ocurrió, pero más que nada sobre el estado de #los44 que forman parte de la tripulación.

    El submarino realizaba tareas de patrullaje a 400 km de la costa, al tiempo que se perdieron todas las comunicaciones y la vacilación se hizo presente, una vez más, respecto al funcionamiento del Estado Argentino en este caso, en materia de defensa.

    Respecto a algunos detalles técnicos, el submarino, clase TR1700 de origen alemán, constituye uno de los últimos recursos náuticos adquiridos para la fuerza naval, habiendo sido entregado allí por el año 1985 y su reparación de medio ciclo fue completada en el año 2014.

    Es en vano pensar este trágico suceso en forma aislada, pues existen en la historia numerosos accidentes relacionados con submarinos. El hundimiento del USS Thresher, de la armada norteamericana en 1963, el INS Dakar de la Marina Israelí en 1968 o el K19 de la Marina Soviética en 1961.  Los incidentes pueden ocurrir, incluso en las fuerzas de defensa más sofisticadas y bien provista de recursos. Un detalle no menor, los submarinos están fabricados para no ser encontrados precisamente.

    El caso del ARA San Juan, se enmarca en una contradicción y en un malfuncionamiento, crónico, del Estado Argentino y particularmente de las fuerzas armadas. ¿Por qué contradicción? Porque gran parte del establishment político local (sin importar su color) aún carece de la humildad fundamental para reconocer fallas y subsanar problemas de fondo. Y esto viene de larga data, no es responsabilidad absoluta de la actual administración.  Situaciones similares, puntualizaron los analistas, colisionan con las intenciones de las distintas administraciones políticas, respecto a objetivos y desarrollo.

    Entrando en la política de defensa, cualquiera que haya explorado muy someramente los presupuestos nacionales, puede darse cuenta del desfinanciamiento y negligencia a la que están sujetas las fuerzas armadas, como mínimo, desde el 1990. Yendo a números, el 1% del presupuesto nacional, se destina a defensa y dentro de ese 1%, entre el 70 y 80% son destinados a salarios y compensaciones.  A nivel regional el promedio está más cercano al 2%, tal como mencionaba Rosendo Fraga. El lector podrá preguntarse ¿Dónde están las compras de nuevos materiales, actualizaciones, entrenamientos, modernizaciones para los equipos y para el personal armado? La respuesta recae en temas conocidos: licitaciones de dudosa transparencia, sobreprecios, esquemas de sobornos, todo resumible en el significado de una sola palabra. Corrupción.

    En el marco de la incertidumbre, se pudo ver destacado, en las últimas horas, el rol del Embajador de carrera y experto en temas nucleares, localizado en Austria, Rafael Grossi, quien pudo gestionar y trasmitir la información de la explosión del ARA San Juan, a través de un centro de monitoreo para la actividad nuclear presente en ese país. En distintos medios, y en varios análisis se subrayó el hecho de que fue él quien aviso a la Armada del evento de la explosión.   Además, en numerosas entrevistas y notas sobre el tema, se plantearon dudas acerca de si el Ministro de la cartera a cargo, Oscar Aguad, está a la altura de las circunstancias para enfrentar tamaña crisis.

    Es más que inoportuno profundizar en este punto en este momento, la prioridad de todo el Estado está puesta ahora en encontrar el submarino y a sus tripulantes. Para el resto de las cosas habrá tiempo.