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    DE ASUNTOS PÚBLICOS ARGENTINA

    La Argentina de la desmoderación

    Uno de los valores trascendentales que destacó Aristóteles en su obra “La ética Nicomaquea” consistió en la definición y categorización de la moderación, como una forma destacada de virtud.  Un punto de equilibrio correcto entre el exceso y defecto, de ciertas cualidades. Existen innumerables tratados en el campo de la ciencia política que discuten en torno a este concepto, agregando más o menos detalle, subiendo o bajando en la escala de abstracción.

    Sabemos que la historia argentina, podría estar prácticamente definida como una oscilación permanente entre extremos. Unitarios y Federales, Rosistas y Antirrosistas, Conservadores y Radicales, Peronismo y Antiperonismo, Kirchnerismo y Antikirchnerismo, oficialismo y oposición e incluso tomando términos económicos, emisión monetaria o deuda externa. Pero siempre sin puntos medios, sin moderación o incluso falta de ella, expresada en términos militantes.

    Desde las elecciones, donde el Gobierno tuvo un muy buen desempeño, se han pedido en tiempo record, numerosas detenciones: La de Julio de Vido, la de Amado Boudou y algún otro ex funcionario. Ambas dos, caracterizadas por grandes despliegues mediáticos alrededor. Naturalmente, cualquier hecho de corrupción debe ser investigado y llegado el caso, condenado. Pero la sobriedad y prolijidad de los procedimientos debe ser la norma. No lo fue antes, y sigue sin serlo.

    Algunos han pensado que estas detenciones responden a una voluntad judicial, no solo de mostrar su incluencia, sino de congraciarse con el Gobierno. Recordemos: se trata de la misma institución que durante la administración kichnerista, freno o ralentizó numerosas causas o procedimientos contra funcionarios gubernamentales sospechados de actos ilícitos entonces.

    Durante la mañana del jueves pasado, además del pedido de desafuero de la Senadora Cristina Kirchner, se pidieron las detenciones de Carlos Zannini, ex Secretario de Legal y Técnica durante el gobierno kirchnerista; Luis D’Elia, dirigente social fuertemente cuestionado por su relación con Irán; Fernando Esteche, ex titular de la organización “Quebracho”, y la prisión domiciliaria de Hector Timerman, ex ministro de Relaciones Exteriores, por el supuesto encubrimiento del atentado a la AMIA.

    No nos proponemos aquí analizar las razones técnicas de los pedidos de detención ni desafuero. Sin embargo creemos conveniente resaltar cuestiones como tiempos, métodos y algunas finalidades políticas. Hemos dicho en otras oportunidades que los tiempos de la Justicia – de marcado tinte oficialista a lo largo de la historia- llaman la atención.

    En un contexto donde prácticamente cada gobierno desde el retorno a la democracia se ha jactado de tener una justicia independiente, los distintos sucesos, operaciones político-judiciales, resoluciones, fallos y dictámenes parecerían confirmar lo contrario, según numerosos análisis. Claro está, que estas situaciones trascienden al gobierno de turno, cualquiera sea, pero el inconveniente, radica justamente en que ninguna administración parece marcar la diferencia en este sentido.

    La Justicia, este actor corporativo y complejo, representa uno de los pilares más importantes de esa falta de moderación, que no solamente no contribuye al progreso institucional, civil y político, sino que se traslada incluso a las situaciones más cotidianas, cuando la falta de diálogo, la voluntad de construcción de consensos, brilla por su ausencia. El “gradualismo permanente” que el Presidente pregona en materia política y económica no tiene su correlato en la Justicia, cuando se aceleran las causas que cuentan con exfuncionarios kirchneristas implicados y se descartan en tiempo récord las denuncias contra dirigentes de esta administración (Macri, Michetti, Arribas).

    Desde el punto de vista político, el Gobierno de Cambiemos tiene una oportunidad. Pasa por un buen momento político y las previsiones económicas parecen colocarse de su lado. La oposición, por su parte, está profundamente trabada en contradicciones internas y resignificaciones que parecen no terminar.  La oportunidad radica, en estos tiempos, en tener objetivos más profundos que la coyuntura, en pensar en valores trascendentales que sirvan como un marco para el cumplimiento de los objetivos, e incluso en las tan anunciadas “políticas de Estado”. ¿Tenemos la moderación y la inteligencia, civil y cívica, para lograrlo?

    Sea cual sea la reflexión, lo que podemos comentar aquí es que las victorias electorales no siempre significan la respuesta. Tenemos un péndulo en la Argentina y de todos dependerá frenarlo en el punto medio y en el equilibrio.