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    DE ASUNTOS PÚBLICOS ARGENTINA

    La inversión de las dificultades: La economía y no la política.

     

    El título de nuestra editorial de hoy responde a un fenómeno que responde a la verdadera dificultad del Gobierno de Mauricio Macri, que como sabemos es la economía. Sin embargo, al inicio de su gestión, se creía lo opuesto, que la política resultaría el obstáculo más duro de roer.

    El tiempo fue un factor decisivo en esta transformación. Mauricio Macri, como ya lo hemos notado en otras ediciones, “aprendió” a ser presidente y a tener la cintura política no solamente para gestionar su propio equipo, sino también para convertirse en un dolor de cabeza para el kirchnerismo – y acaso también el peronismo – a quien continúa obligando a realizar planteos internos.

    Sin embargo, el factor que fue subestimado, fue la velocidad de la recuperación económica, que el Gobierno anunciaba, incluso antes de asumir.  La colosal tarea de reducir inflación, déficit, crecer y mantener la cohesión social se “vendía” como algo que podría verse en meses, semestres para ser exactos.

    No obstante, la situación no fue así. La inflación permaneció por encima de la meta en 2017. La misma era de 17%, pero finalmente los valores reales llegaron a un 24.6%. El crecimiento también fue modesto, un 2.9% aproximadamente.

    Reforzando la hipótesis de inversión de los obstáculos principales, en octubre del año pasado, el día 22, se realizaron las elecciones legislativas que confirmaron la fortaleza política de la Administración Macri y le compraron más capital político, a gastar precisamente en economía.  Una economía que le sigue pesando al Presidente y a su equipo. Las inversiones se prometen, los foros internacionales se celebran pero los efectos de estos sucesos tardan en llegar a la población y se dilatan en el tiempo.

    Quizás con razón, distintos funcionarios han recalibrado su discurso, inyectándole realismo en tanto a las metas y plazos, haciendo énfasis en la dificultad de normalizar variables importantes de una economía sin causar un daño social excesivo. Por eso, el gradualismo es la norma.

    En este sentido, importante desde el punto de vista simbólico, podemos destacar las palabras de elogio al programa económico que pronunció la titular del Fondo Monetario Internacional Christine Lagarde respecto, al objetivo (de nuevo gradual) de atacar el déficit, y también al rumbo general de la economía nacional.

    Podemos observar que el término “gradualismo” constituye, desde el punto de vista político una suerte cobertura, como un reaseguro a los ojos propios y ajenos. Una idea contraria a los “shocks” de medidas, económicas, fiscales, etc.  Que previamente se aplicaron en Argentina y en la región sin éxito y que quedarían marcados como el camino de lo incorrecto.

    Más allá de todo esto, queremos hacer un énfasis en lo siguiente: el gradualismo no equivale directamente al acierto, solamente por su velocidad de aplicación.  Es decir, la situación económica argentina aún continúa en permanente observación y pueden lograrse objetivos como el ingreso a la OCDE, la reinserción internacional y la inversión, pero el fin no debería ser otro distinto que la reducción de la pobreza, el desarrollo sostenido y la previsibilidad.   Por otra parte, el gobierno sabe bien sus limitaciones. Se reconoce minoritario y confía en un mejoramiento de las variables económicas, pero también sabe, que si bien ya se habla de una reelección de Mauricio Macri en el 2019, la economía tendrá un rol decisivo sobre la política para confirmar esa hipótesis